
Era una noche oscura, el silbo del viento entonaba una dulce canción y allí en medio de aquel bosque estaba ella, levitando en el aire cual espectro flotante,perdida sin rumbo alguno.
-Luna, Luna!-entonaba su nombre el viento.
Aquella joven muchacha de lánguida mirada, se encontraba sumergida en un profundo estado de letargo desde su temprana infancia.
Alma, cuerpo y corazón habían sido mancillados por una bestia enfermiza traída de los infiernos.
Arrastrándola hasta ese lago, para sumergirse profundamente en la eterna oscuridad, junto a muchas otras que imploran a la muerte en soledad.
No conoce el amor, no conoce la luz del sol, más yo sólo quiero colmarla con mi amor, devolverla al mundo real y que su alma pueda descansar en paz.

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